Viviendo de la madre tierra


Vellosillo bajo la luna de llena de verano. 2010


Brasero
Sierra y oncejo. 
Removedor de ascuas






El invierno en la estepa segoviana es duro y frío. Cada familia se aprovisionaba de leña en los bosques de robles y quejigos de Riaza con los primeros fríos de noviembre. La calefacción consistía en aprovechar el calor de la cocina o chimenea y utilizar braseros con ascuas para calentar las alcobas. Los animales más valiosos se colocaban en la zona de la cuadra más cercana a la sala. La leña era un recurso escaso y costoso, ya que no solo había que ir partiendo antes del amanecer, muchas veces después de la cena, haciendo el camino por la noche, y comenzar a cortarla a más de 20 kilómetros transportándola en carros, sino que además había que pagar por ella a la Comunidad de Vida y Tierra de Sepúlveda. La leña se cortaba utilizando una especie de hachas autoproducidas en la fragua del pueblo que se denominaban oncejos.


Alcoba
Candil de aceite
Lampara de petróleo
En las largas noches de invierno para iluminar la casa y poder atender a los animales se utilizaban farolas de petróleo y candiles de aceite, y para algunas familias más pudientes lámparas de carburo. Algunas casa podían tener un suelo calefactable, denominado gloria, formado por un suelo cubierto de baldosas sobre un hueco por el que se introducía paja ardiendo.

Durante todo el año cada familia cuidaba a sus animales, principal base de su alimentación y fuerza de trabajo en el campo, que se alimentaban de los recursos naturales del pueblo, exceptuando las bolas de sal que se compraban en Cantalejo. Los prados eran comunales y de libre acceso. Los arroyos y los pastos de ribera eran subastados cada año por el regidor, aprovechándose hasta el último centímetro de la naturaleza circundante. Muchas tierras no eran propiedad de los vecinos del pueblo, sino que estaban arrendadas por sus dueños. A lo largo del siglo XX fue invirtiéndose paulatinamente esta situación y varias familias fueron adquiriendo tierras, que volverían de nuevo a cambiar de propietarios en la época de la gran inmigración a la ciudad.

La basura que se obtenía en las cuadras era almacenada y tratada en las escombreras que eran asignadas a cada familia, que tenía que moverla para conseguir fabricar el compost con el que fertilizarían las tierras de cultivo. Se utilizaba un sistema de barbecho en el que la mitad de las tierras se cultivaba y la otra mitad se dejaba en barbecho, arándola a partir de marzo hasta conseguir dar tres vueltas a la tierra mezclada con la basura comportada que era transportada en carros y extendida a mano utilizando bieldos. Se utilizaba machos o vacas para roturar el campo con el arado romano y compitiendo a ver quien hacía los surcos más rectos.

Horquilla y hocetes
Durante toda la primavera se procedía a limpiar de malas hierbas los campos de cultivo rejacando los valles de los surcos y utilizando la horquilla y el hocete.

Con la llegada del verano, a partir del solsticio y la celebración de San Juan el 24 de junio comenzaba la temporada de la cosecha, que duraba todo el verano hasta bien entrado el mes de septiembre. Era un momento que se podía consumir fruta y hortalizas frescas en las exiguas huertas que había. Algunas frutas se conservaban durante meses escondidas en la montaña de trigo.

El grano se almacenaba en el sobrado de las casas para transformarlo en harina con la que se cocía el pan de hogaza. En el pajar se almacenaba la paja para alimentar durante el invierno a los animales de carga y para servir de cama en las cuadras. Según se terminaba la época de cosecha, entre San Miguel y El Pilar se realizaba la siembra que se realizaba a mano con las semillas que habían sido previamente limpiadas.

En diciembre o enero cada familia realizaba la matanza del cerdo, principal base alimenticia durante todo el año, junto con el pan, los garbanzos y las patatas. En ocasiones especiales se sacrificaba algún cordero para las fiestas, pollo para Navidad y en muy contadas ocasiones algún ternero, ya que solía utilizarse para obtener dinero en efectivo con su venta. Los excedentes eran realmente escasos, siendo una de las principales limitaciones al aumento de la producción la escasez, al igual que la limitación de pastos naturales.

La naturaleza también ofrecía plantas silvestres comestibles y algunos animales salvajes de los que fueron elaborándose riquísimas recetas culinarias que hacían la dura vida de trabajo físico mucho más llevadera. 


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